Nadie nos enseñó inteligencia emocional. Nadie nos enseñó que sentir lo que sentíamos estaba bien. Y por supuesto, nadie nos enseñó qué hacer con todo ese mar de emociones que nos atravesaban.

Más bien resultó ser un tema tabú, que cada cual aprendió a esconder como pudo o a canalizar de modos más o menos acertados -más o menos destructivos-.

Hoy en día existen tantas distracciones al alcance de la mano que nos “protegen” de tener que conectar con lo que realmente sentimos: las redes sociales, la comida, el móvil, la diversión, plataformas como Netflix, las relaciones superficiales, la adicción al trabajo, las drogas, las compras… Tienen el maravilloso don de, en una milésima de segundo, “rescatarte de ti mismo”.

Pero no nos engañemos, no se trata de “buenos” y “malos”, en realidad tenemos una imaginación casi infinita para escapar de nuestro universo emocional, y eso también incluye actividades tan bien intencionadas como volcarnos en la vida de nuestros hijos, realizar compulsivamente talleres de desarrollo personal, sumergirnos en un doctorado, construir una empresa…

Nada de eso está bien o mal a priori, todo depende de si se trata de algo libremente elegido o de un modo de escapar de nosotros mismos.

“El hombre hará cualquier cosa, no importa cuán absurda sea, con el fin de evitar enfrentar su propia alma” Carl Gustav Jung

Cada persona tiene sus propios mecanismos para eludir sentir lo que realmente está sintiendo. El problema sobreviene cuando uno está huyendo de sí mismo permanentemente, porque tiene terror a lo que se pueda encontrar en su interior. En ese momento DEJA DE SER LIBRE, y se convierte en un expatriado de sí mismo.

El primer paso es naturalizar el hecho de que TODOS cargamos nuestras propias historias. Como dice Joan Garriga “todos llevamos heridas, porque todos venimos de la vida”. Las emociones brotan en nosotros por lo que nos pasa hoy, pero también por lo que nos pasó y no supimos soltar ayer.

Pero si tenemos la paciencia de aprender a legitimizarlas, a que nos atraviesen y se vayan, recuperaremos mucha energía y vitalidad que dábamos por perdida.

“¿Eres consciente de toda la energía que derrocha cada día tu psique para contener todo ese mar de emociones estancadas en tu interior?”

Imagínate todo lo que podrías hacer con toda esa energía disponible para ti. Caminarías más liviano por la vida, con más vitalidad y entusiasmo. Tendrías más foco para sacar adelante los proyectos que te apasionan. O dejarías de volcar en tus relaciones tus traumas pasados.

Lo curioso de las emociones es que si nos atrevemos a sentirlas y dejarlas ir, son rápidas como la corriente de un río fluyendo. Observa cómo sienten los niños, cómo pasan del llanto a la risa con toda la naturalidad. Mientras que cuando les damos la espalda y nos las guardamos, se vuelven como un dique de contención, que con los años empezará a agrietarse.

E-motion significa energía en movimiento. Somos seres complejos en un mundo igualmente complejo, es inevitable sentir todo el espectro de emociones que nos hacen humanos: aburrimiento, alegría, euforia, tristeza, vacío existencial, envidia, ansiedad, miedo, incertidumbre, dudas, asco, ira, paz, confusión, decepción, amor, desamor, deseo…

Negar las emociones, sin dejarles espacio para liberarlas DE UN MODO ADECUADO, puede tener consecuencias desastrosas.

Poco a poco podemos acercarnos a ellas, aunque sean incómodas, no estemos acostumbrados o nos den miedo. Son consecuencia de lo que nos pasa y de cómo interpretamos lo que nos pasa. Así que podemos escuchar su mensaje y aprender mejores patrones de pensamiento y de acción.

También debemos aprender QUÉ HACER CON ELLAS. Cómo liberarlas de un modo constructivo, en lugar de evasivo y destructivo -tanto para ti como para tu entorno-.

Pero seamos prácticos, ¿de qué estamos hablando cuando proponemos “liberar las emociones de un modo adecuado”?

Nos basaremos en un par de secuencias esquemáticas para comprenderlo fácilmente. La primera, qué haría quien carece de inteligencia emocional; y la segunda, qué haría quién sí la tiene:

Analfabeto emocional: ocurre algo o pienso algo ➨ me sobreviene una emoción, como respuesta a dicho acontecimiento o a dicho pensamiento ➨ no quiero contactar con ella -apenas no puedo ni reconocerla-, así que impulsivamente recurro a uno de mis mecanismos de distracción habituales (miro las notificaciones de Instagram, voy a la nevera, me bajo al gimnasio, me pongo a chatear en una app de citas, organizo mi próximo viaje…) ➨ sin darme cuenta voy acumulando todas esas emociones que me voy tragando durante años y años de desconexión de mí mismo ➨ llega un punto en que me siento mal, y no sé por qué ➨ vuelco todas esas emociones reprimidas en mí mismo y en mi entorno, estoy irascible, apático, perdido, vacío… o simplemente vivo de un modo hiperactivo, saltando compulsivamente de una actividad a otra, de una distracción a otra, porque siento que si paro y simplemente estoy en silencio conmigo mismo, algo horrible va a pasar…

Persona con Inteligencia Emocional: ocurre algo o pienso algo ➨ me sobreviene una emoción, como respuesta a dicho acontecimiento o a dicho pensamiento ➨ aunque mi impulso inicial sea huir, respiro profundamente y me detengo a escucharla ➨ Observo en silencio lo que siento, procuro entender de dónde viene (si es por algo que ha pasado o algo que he pensado) ➨ tomo nota de la causa ➨ así en un futuro procuraré que eso poco a poco no suceda: ensayaré pensar de un modo más constructivo, me iré alejando de las personas tóxicas, me dirigiré hacia la vida que realmente quiero… ➨ y volviendo aquí y ahora, con respecto a la emoción que siento, la libero a través del drenaje que elija: bajar a andar rápido por el parque, contárselo a un amigo, tapping (técnicas de liberación emocional), meditación, lo escribo en un diario, baile de los 5 ritmos, reservo sesión con mi terapeuta, simplemente me tomo unos minutos para unas respiraciones yogui…

ayuda

Es cierto que por mucha inteligencia emocional que practiquemos, siempre habrá días y momentos en que optaremos por esquivar la emoción y zambullirnos en alguna de nuestras distracciones habituales. Es normal, no siempre hacemos las cosas bien, y también es parte del camino. Pero lo importante es saber que generalmente tenderás a escucharte y a drenar esa “e-motion” (energía en movimiento) de modos constructivos.

coach

El término “analfabeto emocional” no pretende insultar a nadie. En realidad, casi todos los somos hasta que nos enseñan Inteligencia Emocional. Es similar a cuando éramos pequeños y tuvimos que aprender en preescolar el abecedario. No nacimos aprendimos, y no hay por qué avergonzarse de ello. Con las emociones pasa similar, sólo que tenemos que aprenderlas de adultos, porque cuando éramos pequeños nadie nos enseñó nada de esto. Afortunadamente las escuelas y la sociedad están cambiando y empieza a incluirse en los colegios y en los hogares de todo el mundo.

“Todas las desgracias del hombre se derivan del hecho de no ser capaz de estar tranquilamente sentado y solo en una habitación.”  Blaise Pascal